"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales" Bertolt Brecht

viernes, 15 de enero de 2010

La frontera entre lo natural y lo artificial

En el Museo de Bellas Artes "Emilio Caraffa" de la Ciudad de Córdoba, se puede asistir a la muestra temporal del joven artista Marcos Acosta denominada "Origen de la Catástrofe". La exposición "pone en cuestión la desmesurada voracidad humana y la destrucción que sacía esta voracidad, sin embargo entendida como un proceso también natural y contra el que nada puede hacerse", y a la entrada de la misma pueden leerse una serie de reflexiones como la citada, que invitan a pensar sobre algunos temas.
En particular llamó mi atención la reflexión sobre la frontera entre lo natural y lo artificial. El artista sostiene que todo lo que hace el hombre es natural y en ese sentido no puede diferenciarse un edificio construido por el hombre de un panal o un hormiguero.
Francamente no sé si tiene razón o no, pero lo que dice es una invitación a pensar que en todo caso lo que diferencia lo natural de lo artificial depende de un juicio subjetivo. Bien podría uno pensar que una computadora es algo artificial, pero el razonamiento de Acosta al decir que es algo natural no es para nada fácil de objetar. Especialmente si dejamos de lado lo sencillo que puede ser calificar como artificial un cohete espacial y pensamos en algún objeto más rudimentario, que se pueda comparar con los ingenios de algunos animales (los diques de los castores, por agregar otros ejemplos).
Reflexionar sobre este asunto me hizo recordar la discusión sobre el matrimonio homosexual y cómo se utilizan esquemas de razonamiento que permiten poner prejuicios por delante de una discusión para sostener una posición en un debate.
En un artículo que escribí hace poco criticaba el uso de la etimología de la palabra "matrimonio" al servicio de una posición que sostenía que lo natural era el matrimonio entre un hombre y una mujer, y de alguna manera caí en la trampa de la misma forma en que muchos recurren a ejemplos de homosexualidad en el reino animal para sostener que también es "natural" que haya parejas del mismo sexo. Lo cierto es que si la discusión se da respecto de que un contrato entre seres humanos debe ser autorizado por la ley si es natural o no, abrimos la puerta a todos los prejuicios, y permitimos el único terreno donde la discriminación se siente cómoda: se puede objetar el matrimonio homosexual a partir de objetar su carácter artificial, pero la frontera entre lo natural y lo artificial es un juicio absolutamente subjetivo. Es como discutir que algo se pueda hacer si logra alcanzar un estándar de belleza o de buen sabor.

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