"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales" Bertolt Brecht

viernes, 19 de agosto de 2011

Publicidad oficial y campaña electoral PRO II


En una nota reciente acerca del gasto publicitario del Gobierno de la Ciudad, en la que trataba de analizar su relación con los procesos electorales, expuse una serie de datos que concluían con la cifra correspondiente a la ejecución del cuarto trimestre del 2010, cifra que normalmente puede sufrir alguna corrección hacia arriba cuando se presenta la Cuenta de Inversión (balance final del ejercicio). Por cierto, la corrección fue más que significativa: la ejecución del rubro "Publicidad y Propaganda" para la totalidad del Gobierno de la Ciudad correspondiente al ejercicio 2010, que de acuerdo a la ejecución del cuarto trimestre había alcanzado casi $ 155 millones, cerró finalmente en más de $ 196 millones. Como se puede observar en la imagen, los niveles de crecimiento del gasto publicitario difícilmente puedan explicarse por algún tipo de medición de inflación, no importa de dónde provenga.
Esta cifra hace necesario hacer una actualización de los gráficos restantes. Mientras que con los datos provisorios el gasto publicitario sobre el total parecía haber dejado de lado la espiral ascendente y mostraba una baja (de 0,8% al 0,74%), con el resultado definitivo el gasto publicitario alcanzó casi un punto porcentual del total de gastos de la administración:


Por su parte, el porcentaje de ejecución del presupuesto, que con los datos preliminares había alcanzado la cifra más alta de la serie (149,1%), con los resultados finales alcanzó un número cercano al doble del presupuesto asignado por la Legislatura:


 Ejecución 2011

En la nota anterior llamaba nuestra atención la muy baja ejecución del presupuesto correspondiente al primer trimestre y trazábamos un paralelo con lo ocurrido en 2009, año en el que habíamos tenido elecciones también a mitad de año. Los datos de la ejecución del segundo trimestre muestran una fuerte ejecución, diez veces la ejecución del trimestre anterior:

Fuente: Informes de ejecución del presupuesto correspondientes al primer y segundo trimestre 2011. Ministerio de Hacienda, Gobierno de la Ciudad.

Por su parte, la Secretaría de Comunicación Social, que concentra casi toda la política publicitaria oficial, ejecutó al 30 de junio el 85,36% de su presupuesto ($ 128.431.599,12 sobre $ 150.445.763 de presupuesto vigente). Cabe mencionar que en el primer trimestre sólo se habían ejecutado $ 13.682.822,43. Si tenemos en cuenta el monto destinado a los contratos de publicidad ($ 122.894.164), la ejecución es del 93,18% ($114.509.427,57, apenas dos millones por debajo del total gastado por el conjunto de los organismos del gobierno). En el primer trimestre había sido de $ 10.826.456,96 (7,89%).
Es fácil prever una ejecución muy por encima del presupuesto originalmente asignado como ocurrió en años anteriores. Ya dimos ejemplos respecto de cómo se reasignan partidas con este fin. Cabe sí preguntarse si estamos frente a un nuevo récord de ejecución o la principal concentración del gasto se dará en el segundo trimestre. De mantenerse el ritmo alcanzado en los meses de abril, mayo y junio la Ciudad estará gastando a fin de año más de $ 300 millones en publicidad de gestión.

martes, 16 de agosto de 2011

El voto de los argentinos


Tras el resultado de la elección del domingo he visto circular esta foto por internet, acompañada de toda clase de exclamaciones que expresan el disgusto de quienes votaron a cualquiera de los candidatos de la oposición. En algunos casos, se intenta expresar que el voto a Cristina tuvo que ver con el denominado "clientelismo", en otros que el mensaje es "extorsivo".
Esto me dispara tres interrogantes: ¿En serio les parece mal que el Estado pague más jubilaciones y pensiones y que no deje que los viejos se mueran de hambre? ¿De verdad prefieren que los aportes jubilatorios se vuelvan a timbear en la bolsa en vez de que los administre el Estado como siempre debió ser a través de la ANSES? ¿Tan mal está que los pibes de los barrios de menores recursos tengan trabajo? Creo que no comprender la importancia de estas políticas y lo que significaron en términos de devolver dignidad a millones de argentinos explica en buena parte la sorpresa que se llevaron muchos con el resultado. 
Es posible que el mensaje del cartel tenga algo de apocalíptico. Al fin y al cabo, en el mensaje político se usa con frecuencia el "nosotros o el fin del universo". El mismo uso que se puede criticar en el oficialismo está presente en el discurso de los partidos y los medios de la oposición. Pero más allá de eso, teniendo en cuenta que enfrente hay candidatos que pretenden volver a las AFJP, reducir subsidios (incluidos los que aportan al consumo de las clases medias) y aumentar la deuda pública para bajar retenciones y frenar la inflación vía baja del consumo (y por ende del empleo), lo que dice el cartel es rigurosamente cierto. Tomarlo como amenaza es un exceso. 
Los candidatos de los medios, los dueños de los medios y muchos de los que hoy se enojan con el resultado, no tienen el menor interés en mejorar la situación de los que menos tienen. Los usan como parte de su queja ("cada vez hay más gente mendigando en la calle"), pero critican de la peor manera las políticas sociales ("sigamos creando vagos"). Ese dinero que "se rifa", del que reciben una parte en subsidios varios (luz, gas, transporte, etc) se lo sacan a los exportadores de productos primarios que ganan fortunas gracias a que el gobierno sostiene un dólar alto. Fortunas que les permiten invertir a lo grande en propiedades, lo que explica en buena medida que mucha gente de clase media no pueda acceder a la vivienda por los precios que tienen esas propiedades. Tratar de entender las cosas es bastante difícil y complejo, cuesta esfuerzo, pero hay que tratar de dejar la "vagancia" de lado y no entregarse al discurso de los poderosos viendo la realidad sólo a través de un canal de televisión o un diario.
Tal vez no estaría mal que los que reaccionan tan mal ante el resultado de la elección (algunos se quejaron de las opiniones de Fito Páez, les recuerdo), traten de pensar en serio en cuáles son los motivos para que Cristina saque el 50% de los votos (aquí un muy buen post del Ruso al respecto si quieren ir empezando). Es hora de ampliar la mirada, analizar la realidad más allá de lo que digan las empresas de medios que hace rato les venden que el gobierno está terminado y no recurrir a la idiotez de pensar que los otros son tontos o están comprados.

lunes, 1 de agosto de 2011

El voto de los porteños


Con los resultados provisorios de la segunda vuelta en la Ciudad de Buenos Aires ya en la mano, es tiempo de empezar a completar un análisis que se inició al día siguiente de la primera rueda y en el que preveíamos un resultado casi idéntico al que finalmente se dio.
En este momento, muchos asistimos con perplejidad al volumen de apoyo obtenido por Mauricio Macri, aún cuando lo hayamos tomado como posible o haya sido parte de nuestras pesadillas. No es buen momento, creo yo, para enojarse con los porteños por lo que votaron. A mi entender, hay que tratar de entender el resultado y analizar qué cuestiones fallaron en el armado de una propuesta alternativa y en la comunicación de esa propuesta. Tratando de ser lo más sintético posible, algunas reflexiones.

Dos Ciudades

No hay muchos casos de ciudades autónomas del tamaño y la importancia de Buenos Aires. Me refiero específicamente al modo en que confluyen en una misma jurisdicción las responsabilidades propias de un gobierno municipal con las de un gobierno provincial. Es así que el mismo gobierno se encarga de cuestiones como el podado de un árbol y a la vez de gestionar un sistema de salud que cuenta con 33 hospitales. Podemos así movernos entre los distintos grados de responsabilidad del Gobierno con muchísimos ejemplos más.
Una primera cuestión que surge de este panorama es que existe en el tejido social de la Ciudad de Buenos Aires un importante sector de la población para el que los servicios que presta el Gobierno de la Ciudad son básicamente los municipales: el arreglo de baches y veredas, el mantenimiento del alumbrado, el cuidado de las plazas, etc. Para muchos de ellos, el sistema de salud pública sólo puede interponerse en su camino en caso de un accidente en la vía pública porque cuentan con obra social o medicina prepaga, la escuela de sus chicos es privada (aunque reciba un subsidio estatal nadie considera que el colegio de los chicos se paga más allá del esfuerzo personal de afrontar una cuota), no necesitan de las políticas de vivienda (por lo menos no de las orientadas a los sectores más postergados), ni de lo que haga desarrollo social.
Si por un momento nos detuviéramos a pensar cuáles son las políticas básicas para el desarrollo de cualquier individuo en la sociedad, tal vez podamos acordar en cinco: salud, educación, trabajo (me refiero en este caso a que genere un ingreso personal y familiar que garantice cuestiones también básicas como la alimentación y la vestimenta, por ejemplo), vivienda y seguridad. Todos estos temas forman parte de la agenda básica del gobierno de la Ciudad, (y habrá que agregarles la gestión del tránsito y transporte, obviamente no en lo referido al bache o pavimentación, y la prevención de inundaciones), en buena medida compartidos con la Nación. Muchos de los ciudadanos de Buenos Aires sólo demandan seguridad, habida cuenta que tienen cubierto el resto.
En este sentido, cabe hacer una primera diferenciación entre dos niveles de votantes, muy en bruto: los que votan sólo un Gobierno Municipal y los que votan también un Gobierno provincial.
Obviamente, se trata de extremos ideales y por supuesto que en medio de ellos hay una escala de grises, a medida que disminuye o aumenta la dependencia de los bienes públicos en materia de salud, educación, etc.
Es cierto que buena parte de las materias "municipales" deberían ser gestionadas en el futuro inmediato por las Comunas, pero sea por la casi nula información al respecto (algo que probablemente el macrismo hizo deliberadamente para que la agenda de campaña no se centrara en temas sociales), o porque las elecciones también son un balance de lo que se hizo en los últimos cuatro años, por lo menos por esta vez siguieron siendo parte de lo que votamos los porteños cuando votamos Jefe de Gobierno.
Ahora bien, primer problema para la campaña de Filmus: la gestión de Mauricio Macri contó con varios factores a su favor: el "viento de cola" de la economía nacional que impactó positivamente en los ingresos de la Ciudad, una fuerte política de endeudamiento y subas de impuestos (algunas ya olvidadas, parece, y otras que pasaron desapercibidas) que los hicieron aún más holgados, y una política de disminución de la participación de la inversión social en el gasto total de la Ciudad, todos factores que contribuyeron al aumento de las partidas destinadas al "embellecimiento" de Buenos Aires y que hemos detallado y demostrado en varios post anteriores.
Tal vez el ejemplo más extremo del votante "municipal" podría mostrarse con esta imagen, capturada de una conversación en twitter:


Sin duda que se trata de un ejemplo muy extremo, pero en estos casos se hace necesario aplicar herramientas de análisis de opinión pública y cuantificar qué franja de la población tiene esta clase de razonamiento. Tengo de todas formas la impresión de que Durán Barba, así como en su momento contó con números que respaldaban la posición xenófoba e irresponsable del Jefe de Gobierno mientras se desarrollaba una crisis en el Parque Indoamericano, tiene números que le indican que muchos de los porteños tienen la necesidad de, al menos, quedarse tranquilos con su conciencia respecto a los temas sociales. Creo que eso se explica cuando vemos el importante despliegue de afiches que hacían referencia a la entrega de notebooks por parte de Clarín a los alumnos de las escuelas, las "historias para creer" que en algunos casos encima fueron falsas y debieron quitarse de difusión, y el fuerte blindaje por parte de los medios en torno a estos asuntos.
Creo que en estos temas la Campaña de Filmus estuvo ausente. El eje de la campaña se centró en temas sociales. No hay que mentirse, pero a pesar de que las calles de la Ciudad tienen muchos baches aún, no sería coherente con lo expresado más arriba no admitir que el macrismo puso mucho dinero en el tema y mostró, de la mano de la colocación de carteles amarillos por doquier, una actividad frenética. Más allá de eso, creo que de todas maneras no es razonable abandonar un eje de campaña en el que la complejidad de los problemas a solucionar siempre deja espacio a la crítica y a la propuesta superadora (en alguna nota anterior mostré deficiencias en la gestión del tema del bacheo que podrían servir de ejemplo).
Es posible que se haya creído que se trataba de un terreno donde precisamente quienes más interesados puedan mostrarse al respecto son los que votan por una cuestión ideológica al macrismo. Puede observarse que en las zonas más acomodadas de la Ciudad el macrismo sacó porcentajes en segunda vuelta cercanos al 80% (Comuna 2, por ejemplo). Tal vez el terreno no era nada fértil, pero sigo creyendo que se trata de una gran concesión.
Tampoco es cuestión de negar que el macrismo tenga algunos méritos para mostrar en la materia. La nivelación de la Avenida Patricios y su puesta en valor provocó una oleada de votos al PRO, así como seguramente mucha gente se debe haber quedado chocha con su vereda nueva. Con motivo de cumplirse un año y medio de la gestión de Macri, y bajo el título ¿Cuánto pagarías por tu vereda?, señalábamos:
Cabe preguntarse entonces, si la agenda de la administración que asumió en diciembre de 2007 reflejaba o no las aspiraciones de los porteños. ¿Estábamos convencidos de que se gasta demasiado en Salud y Educación?, ¿pensamos que es más necesario arreglar con nuestros impuestos la vereda de la sede del Citibank en la esquina de Mitre y San Martín -Macri parece haber llegado a la conclusión de que era necesario ayudar económicamente a los bancos antes que el propio George W. Bush- que dotar de una adecuada instalación de gas a una escuela?
Si bien queda claro que una importante porción de la población de la Ciudad de Buenos Aires sólo va a las escuelas públicas cuando le toca votar y que el único contacto con la salud pública se produce en caso de sufrir un accidente de tránsito, cuesta creer se prefiera una matriz de gasto como la que se gestó en el último año y medio. De otra manera no se entiende la necesidad de mostrar un lado humano por parte del macrismo y de gastar fortunas en verdades a medias -que no son más que mentiras- en spots publicitarios en los que se pone de relieve la dimensión del gasto educativo (en términos nominales y no en reales).
Tal vez haga falta trabajar mucho para difundir la forma en que se gastan los dineros de los porteños. Costará mucho (al fin y al cabo se debe enfrentar a una formidable máquina publicitaria como la que controla hoy el Gobierno de la Ciudad), pero se puede demostrar que así como se mintió respecto del aumento de impuestos (algo que volverá a ocurrir a fines de este año), también se mintió respecto de las áreas prioritarias para la inversión pública en la gestión PRO.
Tal vez haya una porción del electorado porteño que considera poco relevante invertir en salud, en vivienda y en educación pública, y que es más importante que ello reparar veredas en barrios acomodados. A ellos habrá que convencerlos de que la inclusión social y la igualdad de oportunidades generan más seguridad, mayor desarrollo económico y, al fin y al cabo, mayores posibilidades de que tengamos recursos para invertir en baldosas.
Creo francamente que nunca se remontó esa cuesta. No se trata de responsabilizar a nadie, leyéndome a mi mismo encuentro esa tendencia a hablarles de escuelas y hospitales a quienes lo único que les interesa es tener la vereda en condiciones. ¿Tenemos entonces que abandonar nuestras convicciones? Seguro que no, pero siempre tenemos que tener en claro que para llevarlas a cabo hay que acceder al gobierno, y para eso se necesitan votos. Además, y más allá de la importancia que demos a ciertos temas, mientras formen parte de las responsabilidades de Gobierno se hace necesario tener políticas específicas en carpeta y reitero, desarrollar críticas y propuestas alternativas a lo que se hace.
Se trata, además, de un terreno muy propicio para desarrollar el discurso "de gestión" en el que la política está ausente. Ceder terrenos en estos asuntos resulta a mi entender gravoso, aunque no tenga la posibilidad en este momento de cuantificarlo adecuadamente.


La nacionalización de la elección

Cuando se iniciaba la campaña, pensaba en lo difícil que podría serle a Macri remar la sensación de que cuatro años más de gobierno, con Cristina Fernández de Kirchner gobernando al país hasta el 2015, iban a redundar en más impotencia y excusas de su parte. Si se la había pasado todo el mandato echando la culpa al gobierno nacional de todo lo que le salía mal (su quejas respecto a la imposibilidad de "acceder a financiamiento" y la política de endeudamiento son clara muestra de que se utilizó hasta el hartazgo esta mentira), ¿a qué nos iba a estar invitando los próximos cuatro años?
Pues bien, la campaña de Filmus, apoyada en encuestas que daban alta intención de voto a CFK en la Ciudad, tomó este cariz:


Confieso que antes de la campaña me imaginaba lo difícil que le sería a Macri invitar a los porteños a cuatro años más de impotencia. Si sus falencias eran a causa de un gobierno nacional que caminaba hacia una segura reelección, ¿qué nos podía ofrecer a futuro? No obstante, cierta demora en la instalación de un candidato por parte del Frente para la Victoria más la certeza de que la decisión fue toda de CFK, contribuyó a generar la imagen de que el candidato no era más que un "delegado" del gobierno. De ahí a presentar la "sintonía" como una extorsión al porteño (los medios y el resto de los partidos también juegan), un pasito. Inteligentemente, la campaña de Macri llamó a defender la autonomía:


Ya para la segunda vuelta se intentó hacer eje en una comunicación que siguió hablándole a los convencidos. Esta vez, intentando sumarse a la onda de los globos de colores ofreciendo corazones. Con lo resultados en la mano, podemos decir que no sirvió de mucho:


En definitiva, mientras la campaña se basó en aglutinar a los votantes de Cristina y se hizo eje en los temas sociales (en los que así como ocurre con la mejora de los índices de mortalidad infantil el gobierno nacional también tiene algo que ver), se dejó libre el espacio para hacer campaña en las cuestiones relacionadas con el interés de una amplia proporción de votantes de la Ciudad, se permitió que en materia de seguridad prevalezca la imagen de que la policía metropolitana era el único intento serio por parte de alguien para resolver el problema (la implementación del refuerzo de la seguridad en el sur por parte de la Nación sólo una semana antes de la elección tuvo a mi entender un efecto contraproducente, una especie de demostración de que la voluntad de hacerse cargo del tema aparece sólo ante una inminente derrota electoral). En este esquema, haber renunciado a la que en definitiva fue la única posibilidad de acceder a un debate de candidatos más que un error fue una consecuencia.
El resultado hoy nos muestra a un macrismo que tendrá una Legislatura casi a su merced (tiene 26 votos seguros y 10 diputados más con los que negociar mayorías que incluyan apropiarse de fondos del Banco Ciudad, seguir endeudando a Buenos Aires y volver a aumentar los impuestos, entre una larga lista de temas que permanecen en agenda). Una legitimidad de casi el 65% para impulsar cualquier expediente pendiente (mudanza del gobierno de la Ciudad a los terrenos del Borda y Moyano, Puerto Madero 2, etc.).
Es muy probable que, así como ocurre en muchas zonas de la Ciudad, el avance de los negocios inmobiliarios desplace población dependiente de los bienes públicos y se acentúe la "municipalización". Sin dejar de lado el contenido antipolítico, mediático y corporativo del neomenemismo triunfante en Buenos Aires que genera también un apoyo en sectores sociales medios y bajos, tenemos que tener presente que la derecha en la Ciudad es probablemente más fuerte que nunca.
Cabe mencionar que además la instalación de una agenda de cambio social no sólo genera una esperable reacción entre los ricos, sino que muchas veces genera temor en clases medias y bajas. La reacción de muchos de los vecinos de la zona del Indoamericano, plegándose al discurso en contra de la entrega de viviendas a los sectores más postergados es una muestra de ello. El macrismo sabe jugar con estos efectos (no se puede negar que el tema de Shoklender les vino como anillo al dedo), lo cual invita a redoblar esfuerzos no sólo en materia de pelea cultural, sino en la atención de los problemas pendientes de solución en distintas capas de la sociedad (en materia de vivienda, por ejemplo, la clase media tiene un grave problema de acceso por una cuestión de costos, y se hace necesaria una agenda de política pública que comprenda y encare el fenómeno si es que se quiere avanzar con mayor sustento en resolver los problemas más acuciantes de quienes están aún fuera del sistema).
Tal vez tendríamos que dejar de lado ciertas lecturas que hablan de tercios (progresista, de derecha e independientes). Si tenemos en cuenta que la única victoria contundente del espacio progresista (más allá de la composición de la UCR, De la Rúa no expresaba eso) se dio en el año 2000 cuando Ibarra le ganó a Cavallo, y que a duras penas se logró la reelección en 2003 luego de perder en primera vuelta frente al actual Jefe de Gobierno, tal vez se haga necesario reorientar la mirada hacia una construcción que abarque en la forma los más amplia posible el espacio (durante la campaña se produjo el rídiculo de permitir la existencia de dos colectoras y luego hacer todo lo posible luego por invisibilizarlas) y formule una propuesta que interpele a todos los ciudadanos de Buenos Aires. En buena medida, se trata de una batalla cultural contra visiones instaladas a lo largo de décadas y consolidadas de la mano de la fiesta del menemismo, visiones que además cuentan con la fuerza de un complejo mediático que sostiene su poder en ellas y que juega permanentemente a retroalimentarlas.

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