"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales" Bertolt Brecht

viernes, 22 de noviembre de 2013

Estado de la Deuda de la Ciudad de Buenos Aires

Con la presentación de la ejecución del tercer trimestre del año 2013 tenemos datos actualizados sobre la deuda de la Ciudad:
  • La deuda de la Ciudad alcanzó al 30/9 los 1700 millones de dólares. Cuando asumió Macri era de 574 millones de dólares. El aumento es del 196%.
  • En pesos alcanzó los 9.849,6 millones. Eran 1.807 millones en 2007. 445% de aumento.
  • El aumento neto del stock de deuda de la Ciudad de Buenos Aires en lo que va de 2013 es de casi 270 millones de dólares.

  • El 96,3% de la deuda de la Ciudad es en moneda extranjera o atada a su valor. Si aumenta el dólar un centavo la deuda crece en $ 16.371.000. Solamente con los 26 centavos que subió el dólar oficial entre el 30 de septiembre y hoy, la deuda de la Ciudad aumentó más de 425 millones de pesos.
  • Respecto de la carga de la deuda (stock vs ingresos del año siguiente), subió del 14,14% en el 2007 al 16,86% en la actualidad.
En el presupuesto presentado para el año que viene, los vencimientos de deuda del 2014 (1963 millones de pesos según el proyecto de ley de presupuesto, 1.433 según la ejecución del tercer trimestre) se pagan con la colocación de nuevos créditos (el presupuesto incluye una autorización de $ 1.471 millones específicamente para pagar vencimientos de deudas).
Además de patear deudas para adelante, se toma nuevos préstamos. El total de pedidos de deuda contemplados en el proyecto de ley de presupuesto para el año que viene alcanza los $ 3.151 millones (algunos autorizados ya por leyes aprobadas).
El servicio de la deuda (intereses y comisiones) se llevará el 2,35% del total de gastos, casi el doble de lo que representaban cuando asumió Macri el Gobierno (1,29%).
El mayor endeudamiento sólo sirvió para mantener el nivel de inversión en torno al 15%, algo que ya se venía logrando desde el año 2005 sin endeudarse. Es decir, de cada 100 pesos adicionales con los que contó el Gobierno de Macri por aumentos de impuestos, por la propia dinámica del crecimiento económico y, fundamentalmente, por un aumento del stock de deuda en torno a los 1100 millones de dólares, 85 pesos fueron a parar a gastos corrientes:


Para terminar, les dejo dos cuadros que vienen con la ejecución presupuestaria (se los puede agrandar haciendo clic sobre ellos). El primero de ellos es el perfil de amortizaciones. Nótese que las cifras más abultadas recaen sobre años electorales, algo sobre lo que ya hablamos en otros posts sobre el tema: la acumulación de vencimientos en años electorales pone a los gobiernos a merced de los acreedores, dado que quienes tienen a su cargo la administración pública se ven obligados a elegir entre recortar el gasto o volverse a endeudar en el momento en que los ciudadanos definen su voto.


Por último, el perfil de intereses:




jueves, 21 de noviembre de 2013

La tarifa del subte


Aproximadamente un año atrás intenté hacer un análisis respecto de la tarifa que Macri había fijado en $ 2,50 para el servicio del Subte. Con las enormes dificultades que había para obtener datos estadísticos confiables que permitieran calcular a cuanto ascendía el costo del boleto sin subsidio, traté de analizar si era razonable la tarifa fijada.
Más allá de los comentarios que al respecto hice en su momento, y que creo que se pueden seguir sosteniendo, me interesa insistir en un aspecto que planteé entonces y que a mi entender está quedando de lado en el debate, en buena medida por pautas ideológico culturales que se encuentran muy arraigadas y que limitan la capacidad para dar una mirada más amplia, aún en ciertos actores con indudable intención de priorizar políticas que apunten a una mejor distribución del ingreso.
Decía en mi nota anterior
"Fijar un boleto, nos parezca justo o no el precio, en el doble de lo que cuestan colectivos (que en algunos casos cuentan incluso con aire acondicionado) no parece ser parte de una política razonable de transporte. Proponer invertir más de $ 1.000 millones en un año para tener una política tarifaria que oriente la demanda hacia el transporte de superficie no tiene demasiado sentido."
Desde todos los sectores se coincide, aunque carezcamos de datos estadísticos confiables una vez más, en que el aumento de la tarifa del subte a $ 2,50 disminuyó la demanda del servicio, y generó a la empresa una merma de ingresos respecto de lo que se había pensado al momento de fijarla.
En cierto punto, el Gobierno de la Ciudad se encuentra preso de su propia ideología. Para sus funcionarios, empezando por el Jefe de Gobierno, la tarifa del subte debe reflejar el costo del servicio y ese costo debe ser pagado por el usuario y por nadie más. Sin subsidios salvo en casos de "sectores sociales vulnerables." Así se encuentra expresado en la ley que la Legislatura (a iniciativa del Ejecutivo) aprobó el pasado 19 de diciembre, y que fue promulgada una semana después con el número 4472:
Art. 36.- Sin perjuicio de lo dispuesto en otros ordenamientos, la Autoridad de Aplicación deberá subsidiar la totalidad de la tarifa a aquellas personas que padezcan limitaciones físicas que impliquen un impedimento al acceso al servicio, jubilados y/o pensionados así como estudiantes del ciclo primario de gestión estatal.

Asimismo, podrá subsidiar en forma total o parcial la tarifa a aquellas personas que integren sectores sociales vulnerables que serán determinados por la autoridad de aplicación.

En ambos casos, la Autoridad de Aplicación podrá disponer que se financie con recursos del FONDO SUBTE. (la negrita es mía)

La ley no deja demasiado margen a plantear una política tarifaria que promueva el uso del transporte público bajo superficie. Sólo se autoriza el subsidio (y no es obligatorio como en el caso de discapacitados, jublilados y estudiantes primarios, algo que ya existe en el contrato de concesión vigente) hacia personas de bajos ingresos.

"Distorsiones"

Cuando meses atrás el Gobierno Nacional y el Gobierno de la ciudad intercambiaron spots con sus posturas respecto del tema, el cierre del video de la Ciudad hablaba de “mentiras y distorsiones”. Vale la pena detenerse en este último concepto. Un primer significado de la palabra lo pondría casi como sinónimo de mentira: “deformación de un hecho o de las palabras de alguien”. Pero es más interesante hablar del concepto desde otro lado, ya que el mismo fue utilizado en el decreto de aumento de la tarifa del subte hace ya más de un año:

dicho subsidio tiene como fin mantener estable el valor de la tarifa que abonan los usuarios del servicio, generándose así una distorsión entre el valor real de la tarifa del servicio y el que abonan efectivamente los usuarios;” (la negrita es mía).

El concepto de distorsión en este caso se utiliza de una forma típica de los economistas amantes del libre mercado: cualquier intervención en la economía o los precios por parte del Estado es una “distorsión” y el uso del término tiene una connotación negativa. 
Ojo al piojo, que hay una pequeña escaramuza (no sé si da para batalla) cultural ahí. La intervención del Estado en la economía no sólo altera precios (lo que en términos de promover el transporte público bajo superficie es muy valorable), sino que esas modificaciones pueden tener un efecto más que positivo en la economía. Tomemos la AUH como ejemplo: la gente que recibe las asignaciones tiene la más alta propensión al consumo. ¿Qué significa? Que destina todo o casi todo su ingreso a consumir y me refiero a consumir bienes básicos, no comprarse un coche importado o irse de viaje al exterior. Esto impacta en la economía muy fuerte, los almacenes venden más, la gente se puede comprar alguna pilcha o lujos por el estilo. Obviamente, los comerciantes que les venden son tipos de clase media, que a su vez compran más a los mayoristas y consumen artículos un poco más caros; van al dentista, se deciden separar del/la hinchapelota que tienen al lado y le pagan a un abogado para divorciarse, o mandan los pibes a un colegio privado. Todos estos pequeños movimientos generan más empleo y mejores ingresos no sólo para los que reciben la AUH sino también para los que están por arriba: clase media, entre ellos.
¡Bienvenidas las distorsiones que le genera la política a la economía!
Los subsidios son claramente una “distorsión”. Lo que queda de manifiesto, porque de hecho quedó claro cuando se aumentó la tarifa del Subte, es que para Macri el costo del servicio y la ganancia del concesionario deben ser abonadas por los usuarios del Subte. En este caso estamos también ante una negación de la política y de sus consecuencias: así como el aumento de la tarifa a $ 2,50 provocó una disminución de los usuarios del subte (y por ende un mayor volumen de traslados sobre la superficie), una nueva suba podría agravar el problema. De hecho, el cuadro que ilustra este post surge de las estimaciones que el propio Gobierno de la Ciudad hizo respecto del efecto del aumento del boleto cuando se decidió subirlo a $ 3,50 (obviamente, dado que se concretó recientemente, la caída en el 2013 no será tan drástica).
Casi 100 millones de pasajeros menos en el Subte, complicando más el tránsito por sobre la superficie y dando lugar a una extraña forma de mejorar el servicio: aún con menos formaciones (como en la línea A, donde se colocaron los vagones nuevos comprados por el Estado Nacional y se retiró un número mayor de formaciones viejas), con menos pasajeros se puede lograr viajar más cómodo. Eso sí, siempre y cuando la empresa concesionaria no termine disminuyendo las frecuencias aprovechando la desarrollada capacidad de los pasajeros para transportarse cual sardinas.

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